Sobre las condiciones del trabajo científico
On the Conditions of Scientific Work
Santana-Soriano, Edwin Director Revista Alma Mater / Profesor de Filosofía Universidad Autónoma de Santo Domingo, República Dominicana | ||
| Editorial | Vol. 1, Núm. 2 (2026) | Publicado: 16/07/2026 |
Todo conocimiento tiene una historia natural. Antes de llegar a ser artículo, dato o teoría, fue una pregunta que alguien cultivó durante meses o años, bajo condiciones que rara vez aparecen en el texto final. La ciencia suele mostrarse como resultado terminado: un teorema, una correlación, una revisión, etc. Empero, poco se dice sobre las condiciones que hacen posible ese resultado.
En este sentido, cabe hacer alusión a una palabra que suele utilizarse para englobar toda la producción humana, incluida la producción científica: la palabra cultura. La palabra cultura comparte origen con cultivo. El verbo latino colere significaba, a la vez, habitar un lugar, cuidarlo y hacerlo producir. Cuando Cicerón definió la filosofía como cultura animi, cultivo del alma (Cicerón, 45 a. C./2005, II, 13), extendió al espíritu una metáfora agrícola que sigue acompañándonos, esa en la que se asume que el conocimiento crece, y crece en un suelo.
Esa metáfora de Cicerón es más precisa de lo que parece. Un suelo es un sistema complejo, resultado de procesos largos e invisibles; su fertilidad depende de equilibrios que pueden degradarse con rapidez y que tardan generaciones en restituirse. Y lo mismo ocurre con las condiciones del trabajo científico, pues también ellas se forman con lentitud, también sostienen todo lo que crece encima y también suelen advertirse cuando faltan.
De esas condiciones, tres merecen atención especial, a saber: las afectivas, las metodológicas y las institucionales.
Sobre las condiciones afectivas, se puede afirmar que, necesariamente, quien investiga es un sujeto entero, y el pensamiento riguroso se sostiene sobre disposiciones emocionales que pueden educarse: la curiosidad que abre la pregunta, la perseverancia que sobrevive al error, así como la serenidad que permite recibir la crítica sin sentirla como amenaza. Desde que la psicología propuso entender la capacidad de percibir, comprender y regular las propias emociones como una forma de inteligencia (Salovey y Mayer, 1990), disponemos de un vocabulario para algo que la experiencia docente confirma cada semestre: las emociones deciden, muchas veces, si una pregunta se sostiene o se abandona, y hasta si un estudiante permanece en las aulas o se marcha de ellas. Formar pensadores exige, por eso, atender el terreno emocional donde el pensamiento echa raíces.
La segunda condición es la metodológica. Método significa, en su origen griego, camino que se recorre hacia algo, y papel del camino es orientar al caminante, pues indica fases, advierte desvíos, ofrece criterios para saber si se avanza. Así entendido, el método libera en lugar de constreñir, porque descarga a la inteligencia de decisiones triviales y le reserva las decisiones importantes. Las herramientas que hoy acompañan la investigación, desde el software de cálculo simbólico hasta los algoritmos capaces de anticipar comportamientos, pertenecen a este mismo orden en tanto sirven para auxiliar al razonamiento, acelerarlo y hacerlo visible, aunque el juicio sobre la validez de un resultado sigue siendo al día de hoy una tarea irrenunciablemente humana.
Finalmente está la condición institucional. Es sabido que el conocimiento crece en comunidades que están representadas en las universidades que forman investigadores, mediadas por fondos que financian proyectos, así como las revistas que comunican resultados y los someten al escrutinio de pares. En el número uno de esta revista se argumentó que la publicación científica cumple una función pública doble en tanto conecta a investigadores interesados en los mismos problemas y garantiza, mediante la evaluación, que lo publicado aporta al debate o trae conocimiento nuevo (Santana-Soriano, 2026). Ahora cabe añadir que esa función tiene, además, un carácter formativo, pues cada manuscrito que se evalúa devuelve a su autor una lectura atenta, y cada ronda de arbitraje enseña a escribir con mayor claridad así como a argumentar con mayor honestidad, en este sentido, la revista es también parte del suelo, es un lugar donde las prácticas del rigor se transmiten de una generación de investigadores a la siguiente.
Las tres condiciones se necesitan mutuamente, ya que de poco sirve el método a quien ha perdido el deseo de saber, pero también sirve de poco el deseo sin caminos que lo orienten; y, del mismo modo, ni el deseo ni el método sobreviven mucho tiempo fuera de instituciones que los protejan. De modo que la fertilidad del conjunto depende del cuidado de cada parte, igual que la del suelo depende del equilibrio entre sus componentes.
Con este segundo número, Alma Mater deja de ser una promesa y empieza a ser una práctica. Los trabajos aquí reunidos provienen de campos diversos y confirman aquello que hemos sostenido desde la inauguración de la revista: la cientificidad de un conocimiento reside en el apego a un conjunto de características propias del conocer riguroso, cualquiera sea el objeto que se estudie. En ese tenor, el lector encontrará en estas páginas preguntas dirigidas a la mente, al aula y a la tierra; y cada una fue cultivada con paciencia, evaluada con rigor y escrita para ser discutida por la comunidad a la que está dirigida.
Publicarlas es nuestra manera de cuidar el suelo común del que todos dependemos: ese espacio público donde el conocimiento se vuelve accesible, verificable y discutible. La continuidad de este cultivo dependerá, como entonces, de la comunidad investigadora que lo reciba, lo examine y lo haga suyo. La cosecha del primer número indica que el suelo es fértil. Sembremos, pues, el segundo.
REFERENCIAS
Cicerón, M. T. (2005). Disputaciones tusculanas (A. Medina González, Trad.). Gredos. (Obra original publicada ca. 45 a. C.)
Salovey, P., y Mayer, J. D. (1990). Emotional intelligence. Imagination, Cognition and Personality, 9(3), 185–211. https://doi.org/10.2190/DUGG-P24E-52WK-6CDG
Santana-Soriano, E. (2026). El papel de la revista científica en la constitución de la ciencia como espacio público. Alma Mater, 1(1). https://doi.org/10.64678/82zhyx40